Es curioso pero el matrimonio pierde cada vez más sentido para los heterosexuales mientras que los homosexuales lo reclaman a voz en cuello. Vivimos la cultura de la contradicción, caos y desorden. Quiero ser parte de lo que no soy parte. Pequeña contrariedad que se traduce en la falta de institucionalidad e identidad.
Es cierto, toda persona tiene derecho a formar una familia pero existen variadas formas de satisfacer ese deseo. El matrimonio no es la única. La liberación de la conducta humana no puede descomponer figuras jurídicas. Reglar nuevas necesidades humanas es una necesidad que se puede hacer actualizando conceptos pero no vaciando su contenido natural. Ser partícipes de un cambio es importante, pero lo más significativo es actuar con respeto, no con desenfreno.
El matrimonio es para el varón y la mujer. Convertidos en una sola carne se les llama cónyuges. Etimológicamente, matrimonio viene del latín 'matrimonium' ('mater-tris', raíz que significa 'madre'). Es el oficio de madre dada las mayores fatigas que sufre en la propagación de su estirpe. Aquí viene parte de la delimitación a fin de restringir a sus beneficiarios. Y es que procreación y descendencia son una de las finalidades de esta institución. La complementariedad de sexos es por demás indispensable. Llevar la rienda del cónyuge es una labor heterosexual.
Nuestra ley no prohíbe el amor entre machos ni hembras. Amar es lo más puro que hacemos (sin condiciones, formas al margen solo es necesario entregarnos). Pero del amor surge el compromiso. Cedemos derechos y aumentan nuestras obligaciones. Él puede más que la libertad individual, es un límite a ella, pero que nos "entrega" al ser amado.
¿Cómo garantizo el producto del amor? Los amantes necesitan protección y este es el problema. La unión de personas del mismo sexo es una realidad. No podemos hacernos de la vista gorda. El derecho facilita opciones. Se puede elegir varias maneras de proteger las relaciones derivadas de este amor: 1. Las regulamos expresamente, 2. Aplicamos los principios jurídicos y las normas existentes o 3. No hacemos nada.
La segunda opción es un mecanismo convincente y efectivo de solución tomando en cuenta que buscamos ofrecer seguridad y protección. En primer lugar, pensemos en lo que hay que proteger: el patrimonio. Toda pareja dispone de bienes. Al no existir matrimonio, y menos sociedad de gananciales, la propiedad será de quien las adquiera. Entonces deben comprar ambos para regirse por las normas de copropiedad. Ilustrar a las parejas que las adquisiciones sean en conjunto (él con Marte o ella con Venus) permitirá salvaguardar el aspecto económico.
Los alimentos pueden concretarse con un convenio y el legado servirá para la herencia. Si no resulta la acción de enriquecimiento indebido o la de daños, será el último camino. Recrear los actos jurídicos en las necesidades de los amantes es la mejor solución.
El amor homosexual no es prohibido, es un amor al margen de la ley. La naturaleza nos ha formado de a dos complementarios (la espada y espejo de los dioses mitológicos están equilibrados). Un buen contrato aseguraría las relaciones sentimentales de aquellos impedidos.
La felicidad puede obtenerse a través de la libertad contractual. La pareja dispareja optará por sus necesidades de acuerdo con su tipo de amor. Lo prohibido siempre será tentación... lo demás es mera ilusión.
Es cierto, toda persona tiene derecho a formar una familia pero existen variadas formas de satisfacer ese deseo. El matrimonio no es la única. La liberación de la conducta humana no puede descomponer figuras jurídicas. Reglar nuevas necesidades humanas es una necesidad que se puede hacer actualizando conceptos pero no vaciando su contenido natural. Ser partícipes de un cambio es importante, pero lo más significativo es actuar con respeto, no con desenfreno.
El matrimonio es para el varón y la mujer. Convertidos en una sola carne se les llama cónyuges. Etimológicamente, matrimonio viene del latín 'matrimonium' ('mater-tris', raíz que significa 'madre'). Es el oficio de madre dada las mayores fatigas que sufre en la propagación de su estirpe. Aquí viene parte de la delimitación a fin de restringir a sus beneficiarios. Y es que procreación y descendencia son una de las finalidades de esta institución. La complementariedad de sexos es por demás indispensable. Llevar la rienda del cónyuge es una labor heterosexual.
Nuestra ley no prohíbe el amor entre machos ni hembras. Amar es lo más puro que hacemos (sin condiciones, formas al margen solo es necesario entregarnos). Pero del amor surge el compromiso. Cedemos derechos y aumentan nuestras obligaciones. Él puede más que la libertad individual, es un límite a ella, pero que nos "entrega" al ser amado.
¿Cómo garantizo el producto del amor? Los amantes necesitan protección y este es el problema. La unión de personas del mismo sexo es una realidad. No podemos hacernos de la vista gorda. El derecho facilita opciones. Se puede elegir varias maneras de proteger las relaciones derivadas de este amor: 1. Las regulamos expresamente, 2. Aplicamos los principios jurídicos y las normas existentes o 3. No hacemos nada.
La segunda opción es un mecanismo convincente y efectivo de solución tomando en cuenta que buscamos ofrecer seguridad y protección. En primer lugar, pensemos en lo que hay que proteger: el patrimonio. Toda pareja dispone de bienes. Al no existir matrimonio, y menos sociedad de gananciales, la propiedad será de quien las adquiera. Entonces deben comprar ambos para regirse por las normas de copropiedad. Ilustrar a las parejas que las adquisiciones sean en conjunto (él con Marte o ella con Venus) permitirá salvaguardar el aspecto económico.
Los alimentos pueden concretarse con un convenio y el legado servirá para la herencia. Si no resulta la acción de enriquecimiento indebido o la de daños, será el último camino. Recrear los actos jurídicos en las necesidades de los amantes es la mejor solución.
El amor homosexual no es prohibido, es un amor al margen de la ley. La naturaleza nos ha formado de a dos complementarios (la espada y espejo de los dioses mitológicos están equilibrados). Un buen contrato aseguraría las relaciones sentimentales de aquellos impedidos.
La felicidad puede obtenerse a través de la libertad contractual. La pareja dispareja optará por sus necesidades de acuerdo con su tipo de amor. Lo prohibido siempre será tentación... lo demás es mera ilusión.
(El Comercio, 7 de noviembre de 2003, A.4)
3 comentarios:
muy interesante su comentario. en efecto creo que la necesidad de las personas debe ser contemplado por el Estado y dar conformidad a estas situaciones que no pueden dejarse de lado. la implementación de una especie de sociedad de gananciales quizá sea la mejor solución. aunque quizá voy pensando que es muy probable que nuestros amigos los homosexuales quieran en realidad una igualdad de trato jurídicamente hablando, tal vez a consecuencia de su forma tan particular de buscar la igualdad.
p.d: muy interesante su blog. seguiré leyendo. saludos
sebastián
Prof. es un buen aporte el articulo, permite darnos cuenta que hay seres humanos que se sienten humillados por su condicion. y lamentablemente el reparo de la sociedad los aisla aun más.
Prof. es un buen aporte el articulo, permite darnos cuenta que hay seres humanos que se sienten humillados por su condicion. y lamentablemente el reparo de la sociedad los aisla aun más.
Publicar un comentario en la entrada