Nada de Derecho

Chorrillos – La Punta
Uniendo dos sedes del Club de Regatas Lima a nado




El domingo 26 de febrero del 2006, por primera vez en la historia del deporte peruano, 8 nadadores desafiamos las aguas del litoral limeño para enrumbarnos por la legendaria Ruta de Olaya, nadando 19 kilómetros y 600 metros, desde el club Regatas Lima de Chorrilllos hasta su sede en La Punta, Callao. La travesía fue organizada por el Club Perutriahletes avalada por la Federación Deportiva Peruana de Triatlón y la certificación de jueces de la Federación.
La ruta, en aguas más o menos calmas, se inició a las 8:30 am. desde las arenas de la playa 3 de nuestro Club con rumbo directo a los Islotes Horadada (aquellos que están frente a Magdalena) para de allí dirigirnos, casi paralelamente con la Isla de San Lorenzo, hasta las frías aguas de Cantolao, todo bajo un inclemente sol abrasador, la irresistible sal marina, las corrientes y el viento que al final no esperábamos su rudeza. Estuvimos en todo momento en el agua, sin apoyarnos en ningún medio, nadando sin ningún tipo de ayuda (ni aletas, ni paletas de mano solo wetsuit, gorro y lentes de natación). El estilo utilizado, obviamente, fue el libre. Ni pensar de cambiar de estilo (aunque lo intenté unos cuantos metros en espalda, pero la idea era acostumbrar al cuerpo a un solo movimiento).
Lo importante para iniciar y terminar la travesía es que siempre fuimos un grupo con un mismo ideal: llegar a nuestro destino. No fue exactamente una competencia, solo una simple travesía, no hubieron ganadores, solo deseos de culminar juntos, o distanciados en unos cuantos metros, pero siempre bajo un mismo estímulo: la unión hace la fuerza.
El ritmo lo marcó cada uno. En un inicio, hasta las primeras 4 horas con 45 minutos, que llegamos a las Islas Horadadas, hicimos paradas de 30 minutos para hidratarnos e ingerir algunos energéticos, preguntándonos cómo estábamos, si todo iba bien y soltándonos una que otra broma.


A partir de allí, las paradas fueron cada 20 minutos --los más largos de mi vida-- y es que desde ese momento no era cuestión de resistencia física sino anímica, una lucha sicológica en la que la mente debía responder positivamente, exigiéndole al cuerpo que debía continuar. Todos sufrimos achaques, desde agotamiento muscular, malestar estomacal, mareos, calambres pero para los que el tiempo y el objetivo de cumplir nuestro reto fue la mejor medicina.
Estuvimos resguardados por 4 embarcaciones de los amigos de la playa Pescadores, bajo la capitanía del buen José y tres Kayacs, en uno de ellos Daniel de Montreuil, el responsable de llevarnos a estos extremos y límites de vida.
El apoyo club del Regatas fue esencial. Partimos y llegamos de un lugar seguro, vigilados por el personal y es así que nuestro club pasa una vez más a formar parte de la historia apoyando al deporte. Esperemos que el próximo año sea mejor y se animen unos cuantos más.
Los nadadores, edad, institución y tiempo fueron:
1. Nadador. Erick Figueroa Ostalaza, 22, Aqualab, 06:10:10.
2. Fernando Barco Gereda, 36, Villa, 08:51:20.
3. Daniel Linares Aviles, 36, Villa, 08:52:40.
4. Enrique Varsi Rospigliosi, 41, Regatas, 08:58:50.
5. Aida Davis Balbuena, 57, Aqualab, 09:12:10.
6. Enrique Ferrand Rubini, 35, Regatas, 09:12:11.


Fuente: Informe Técnico N° VI - 2006. Federación Deportiva Nacional De Triatlón. Comisión Nacional de Jueces de Triatlón, Mario Venero Ferreyros, Juez General.




Desconcertado luego del logro, el autor de la nota.



El Comercio, Domingo, 22 de de 2006, A-20

http://www.elcomercio.com.pe/EdicionImpresa/Html/2006-10-22/ImEcCronicas0600565.html

Los hermanos Olaya
por Milagros Leiva

Se prepararon un año para la travesía. Nadaron en la piscina, en el mar, corrieron. Una semana antes solo comieron carbohidratos: arroz, lentejas, fideos hasta el cansancio. Y tres días antes se hidrataron. Cinco litros de agua al día, para llegar preparados. Siguieron al pie de la letra las recomendaciones para deportes extremos, pero hubo una cosa que no calcularon: la preparación psicológica. El poder de la mente.
Después de escucharlos llegó la conclusión: soy una marmota. Ociosa, sedentaria, indisciplinada. ¿Cómo diablos hace una persona para nadar casi nueve horas seguidas? Fuerza, disciplina, constancia. No queda de otra. Estos chicos ya nadaron desde Chorrillos hasta Miraflores y luego hasta Magdalena, han unido Santa María con Embajadores y la isla San Lorenzo con La Punta. Pero un día decidieron emular a José Olaya y lanzaron la idea. ¡Chorrillos-La Punta! ¿A ver quién se apunta? Cuarenta nadadores levantaron la mano, solo arrancaron ocho. Después de la travesía comprobaron que fue imposible, absolutamente imposible que el héroe nadara toda la ruta; pero igual le rendirán homenaje, todos los años.
El 27 de febrero apareció la noticia de la victoria. Breve, en un apartado de las secciones deportivas. Rollin Buse y Harald Pattersen no llegaron al destino final, pero alentaron a sus amigos. Erick Figueroa nadó solo la mayor parte del tramo e impuso el récord: seis horas, diez minutos. Y la reconocida nadadora Aída Davis fue la única mujer inscrita que superó una crisis de dolor para llegar a la meta. Siete meses después, los muchachos siguen recordando los detalles de su batalla y reconociendo que después de ese día nunca más fueron los mismos. Aquí el relato de cuatro tiburones que saben que el poder está en la mente.
La Ruta Olaya la cubrí en seis horas diez minutos, salí arrugado y feliz porque no tuve calambres. Yo entreno para eso, para aguantar diez horas si es posible dentro del mar. A las dos horas de la travesía traté de disfrutar porque sabía que faltaba mucho. Trabajé mucho la cabeza por el tema de la resistencia. Porque llega un momento en que tienes que acostumbrarte a sentir el agua y el agua y el agua. Los músculos duelen y hay que motivarse, pensar en cosas buenas, disfrutar. Yo me encomiendo a Dios, siempre lo hago.
A mí me gustaría ser como Daniel Carpio, él ha sido el único peruano que ha logrado cruzar el Canal de la Mancha. Lo hizo tres veces. Hoy el récord es de siete horas, tres minutos y me gustaría batirlo, pero debo ser un tiburón. También me gustaría cruzar el Estrecho de Gibraltar. El asunto es ponerse metas y nadar. Yo soy un chico sano. No tomo, no fumo, duermo ocho horas mínimo y me acuesto máximo a las diez de la noche, porque al día siguiente debo levantarme a las cinco y media para entrenar. Así han sido todos mis días, desde que tengo 10 años.
Me gusta nadar, me hace feliz. Me causa placer el simple hecho de lograr la meta final. Me apasiona controlar mi cuerpo. Y me gusta nadar porque es un deporte individual. En la natación eres tú y tu esfuerzo. No dependes de nadie. Además hay que tener mucha fortaleza mental. Hay que aguantar el dolor y el cansancio. Todos los días. Yo nado de lunes a sábado, diez sesiones a la semana, cinco horas al día.
Me llamo Erick Figueroa, tengo 22 años. Soy nadador profesional.
En realidad yo nado por puro placer. Lo hago tres veces por semana, hace tres años. Correr tabla es lo que más me gusta, lo hago desde que tengo 8 años y siempre trato de aprovechar las olas. Un día me encontré con Daniel, mi compañero de colegio, y él me invitó a nadar desde Santa María hasta Embajadores. Me encantó. Nunca había nadado en el mar y decidí seguir.
Cuando surgió la idea de la Ruta Olaya, yo pensé que era cosa de locos. Pregunté varias veces y me decían que era imposible. Soy sincero: pensé que no iba a llegar. Me pareció interminable llegar hasta Magdalena, el mar estaba movido, el viento era fuerte como nunca y el sol me reventaba como no tienen idea. Después de tres horas seguía viendo la meta lejísimos y empecé a renegar, pensaba en todo lo que me faltaba.
Parábamos cada media hora y yo quería tocar el bote, pero no se podía. Comía plátano para evitar los calambres. Hasta que llegó un momento en que quise abandonar pero el orgullo no te deja, tus brazos reman por inercia y ya no sabes qué pensar. Yo había rezado ochocientos mil Padre Nuestro y quinientas mil Ave María. Pensaba en la naturaleza, en el sonido. Resolví los problemas de mi vida y me sentí cansando mentalmente. Allí comenzó mi lucha.
La parte más difícil fue cuando sentí un dolor en el pecho. Yo mismo me tranquilicé. No te queda otra que echarte porras a ti mismo, además piensas en la familia que te espera. La última hora es la peor, lo juro por Dios. Uno ve el muelle de La Punta, pero nunca se llega. Guardé la calma, supe que todo es mental.
Al principio seguía nadando porque ya no podía retroceder, pero luego me salió un poder increíble. Yo no sabía que tenía ese poder mental. Nunca pensé que podía aguantar tanto tiempo en el agua, que podía estar desde las ocho y media hasta casi las seis de la tarde nadando y nadando y nadando. Fue una satisfacción personal inmensa. Y voy a volver a intentarlo, pero estaré mejor preparado. Me estoy entrenando. Desde chico he sido así, me pongo una meta y llego por dignidad, por orgullo, por picón, qué sé yo. Con paciencia, con tiempo, todo se puede. Y ahora que sé más del tema me gustaría cruzar el Canal de la Mancha, el lago Titicaca, no sé. Cuando cierro los ojos y veo la cara de mi esposa, de mis hijos, de mi familia abrazándome y echándome porras me basta para ser feliz.
Me llamo Fernando Barco, tengo 36 años, soy administrador.
El día de la travesía yo venía de dos semanas de para. Había dejado de nadar por una lesión en el hombro. Comencé a nadar y en un momento me sentí mal porque no tenía conciencia de que debía acostumbrar mi cuerpo a esta jornada extrema de natación, me comí un plátano y medio chocolate y me descompuse. Se me hinchó la barriga y no me pasaba el dolor, los otros se alejaban y yo me sentía mal. Tomaba agua y seguía nadando, pero sentía náuseas. Después me entraron todos los dolores en el cuerpo, me dolía el hombro, el cuello, el codo. Todo me dolía. Todo. Y recién habían pasado tres horas. Seguí nadando hasta que llegamos a Magdalena y entonces el guía nos dijo: a partir de ahora comienza la etapa crítica, comienza el desafío con la mente.
Y fue en el segundo tramo cuando se me vino a la cabeza subirme al bote. Pero no podía hacer eso, no podía llegar a la meta en el bote, pensaba. No hay forma, era una vergüenza, una deshonra. Iban a estar mi esposa, mis hijos y eso me estresó. Faltaba mucho y estaba agotado. Es como la vida misma, uno se agota y se sube al bote. No se lo dije a nadie, pero estuve a punto de abandonar. Me entró angustia y sentí miedo. Miedo de verme en un mar tan inmenso, haciendo algo que no había imaginado hacer. Y tanto fue mi pánico que le dije a mi amigo del kayac que me acompañara. Le decía que me hablara. Me sentía sumamente solo y la mente me decía que no debía seguir, mi cuerpo luchaba con mi mente. Era una lucha increíble.
Cuando divisé el faro de la Escuela Naval de La Punta, ya había pasado seis horas. Y entonces comencé a repasar las cosas que había hecho en mi vida. Y me preguntaba por qué hacía esto. Ni los libros que he escrito, ni mi grado de magíster o de doctor, nada de nada tenía comparación. Sabía que estaba derrotando algo interno. A las seis horas ya sabía que llegaría a la meta y fue en esta tercera etapa que comencé a pensar solo y básicamente en Fiorella, mi esposa, que es parte de mi vida. Comencé a recordar cómo la había conocido, como habíamos crecido, en nuestros hijos, fue una cosa muy bonita. Pensaba y nadaba y pensaba y nadaba. Con Fiorella en mi mente me sentí fortalecido. Ella me ha ayudado e impulsado a hacer muchas cosas y ese día también lo hizo. Cuando toqué el muelle, la sensación fue indescriptible. No es felicidad, es totalmente distinto a cuando nació mi hija o cuando me casé, es una sensación distinta, sentí que absolutamente solo hice algo por mí mismo. Que no dejé que el demonio de la derrota me venciera.
Me llamo Enrique Varsi, tengo 42 años. Soy abogado.
Soy deportista de toda la vida y he ido cambiando de deportes constantemente. Corro tabla desde que tenía 13 años, he jugado fútbol y hubo un tiempo en que practiqué boxeo. Hice caza submarina un buen tiempo y luego lo dejé para meterme más en la natación. Comencé en la piscina y al principio no me gustaba, me parecía aburrido, pero luego comienzan las rutinas y te parece divertido.
Nadar en el mar es alucinante. Primero no tienes techo y no miras una línea negra, estás en un medio más libre, mucho más familiar, no hay cloro. Cuando nadas te analizas un montón porque tienes tiempo para pensar. Cuando yo termino un tema complicado, siempre digo al final: no era tan difícil. Esta vez salí y dije: esto sí era complicado.
Y la verdad es que yo no iba a nadar, la competencia era un 12 de febrero, pero yo estaba en el norte, me fui a correr olas, a descansar. La fecha la movieron para el 26 y yo llegué el 20, me animé. Ellos son mis amigos, con los que nado siempre y no tenía miedo, si te pones a pensar mucho no haces nada. Y fue durísimo, las tres primeras horas me dolió todo el cuerpo, pero cuando llegué a la isla de Magdalena, mi cuerpo cambió y comencé a nadar duro, con buen ritmo. Mis brazos y piernas parecían remos.
Un tema aparte es el bote. Es como tener al diablo al costado que te dice: ven, súbete, deja ya de nadar. Todo el tiempo te lo dice. Y es una lucha mental muy fuerte. Cuando el dolor pasó, solo pensaba en mi mujer y mis hijos que estaban esperándome, eso me motivó hasta el final.
El último tramo lo hice muy feliz. Estaba alegre. Me decían faltan dos horas y pasaban dos horas, y luego decían faltan dos horas más y así, pero ya no me importaba porque mi mente comenzó a gobernar y mi cuerpo se puso fuerte. Yo siempre he realizado deportes extremos, he caminado a Choquequirao y miren que es difícil, pero esto ha sido lo más exigente. Quizá lo hago para sentirme vivo, para escapar de la rutina, para cargar las baterías. Si consigues esto, puedes hacer cualquier cosa. Y si ahora me preguntan si lo haré el próximo año, digo que no, que me da pereza, pero seguro cuando llegue febrero, veré a mis amigos animados y también me inscribiré.
Una cosa sí tengo clara: el deporte te ordena la vida, te saca de los vicios, te concentra en ser mejor. Te da disciplina. Cuando terminé la Ruta Olaya yo estaba feliz. Me sentía el héroe nacional. Nadar casi nueve horas seguidas te hace distinto, de todas maneras. Y cuando lo cuento me sale la vanidad, no puedo negarlo. Ahora me siento así: fuerte, seguro de las cosas que puedo hacer. Las cosas parecen difíciles, pero el camino se hace caminando. Solo hay que intentarlo.
Me llamo Daniel Linares, tengo 36 años. Soy abogado.
Dos rutas famosas4El Canal de la Mancha. Son 32 kilómetros los que separan a la ciudad inglesa de Dover de la localidad francesa de Calais.
4Estrecho de Gibraltar: canal marino que separa al continente africano del europeo. Los puntos más cercanos son desde Punta Oliveros (España) a Punta Cires (Marruecos) con una distancia de 16 km.

Células Estaminales, Stem Cell o Células Madre

Las células del cuerpo humano cumplen una función especial, es decir su objetivo está claramente establecido lo que permite diferenciarlas de acuerdo a sus características y finalidades biológicas. Las células, que en grupos forman los órganos, tejidos y otros, tienen una función predeterminada pues su estructura y capacidad está preparada para realizar una labor concreta, de allí que se diga que las células son diferenciada.

Sin embargo, existen células indiferenciadas es decir que tienen todos los elementos necesarios para generar los diversos órganos o tejidos de un ser humano y podrían --vía inducción especial-- generar un ser humano en su integridad ya que, al no estar diferenciadas, contienen toda la información necesaria para dirigir un desarrollo completo. Estas células todo potenciales resultan atractivas para la biociencia pues de ellas pueden extraerse tipos especiales de células (cardíacas, nerviosas, musculares, cerebrales, sanguíneas, cartílaginosas, etc.) y utilizarlas con fines terapéuticos.

También llamadas células madres, troncales, totipotenciales o primitivas conociéndoseles en la terminología anglosajona como Stem cells, vienen representando un debate incontrolable en el ámbito jurídico y ético.

Como refiere la Academia Pontificia para la Vida en su “Declaración sobre la producción y uso científico y terapéutico de las células estaminales embrionales”, estas células tienen dos características:

- La capacidad de autorrenovación ilimitada o prolongada, esto es de reproducirse muchas veces sin diferenciarse, y;

- La capacidad de dar origen a células generadoras de transición, con capacidad limitada de proliferar, de las cuales descienden gamas de células altamente diferenciadas (nerviosas, musculares, hemáticas, etc.).

Vemos así que las células madre son únicas, y a diferencia de las demás células son capaces de generar cualquier tipo celular, cualquier ór­gano y cualquier tejido del organismo. Si se estimulan adecuada­mente, son capaces de ejecutar cualquier función vital: sintetizar insulina, formar conexiones sinápti­cas, metabolizar grasas e hidratos de carbono, detoxificar, producir anticuerpos o eliminar células tu­morales. Además, se dividen sin lí­mite, manteniendo indefinidamen­te su capacidad de diferenciación; son atemporales, no envejecen de manera que los tejidos generados a partir de ellas tienen todas las características de tejidos jóvenes.

Existen dos tipos de estas células estaminales:

A. Células estaminales embrionales

Son aquellas células de embriones que normalmente son totipotenciales al encontrarse en un estado de preorganogénesis, es decir al no estar definida su función cualquiera de dichas células puede dirigirse su desarrollo a la obtención de determinado tejido humano. Se les conoce también como células fetales.

Se obtienen mediante los siguientes pasos:

- Producción de embriones o utilización de embriones sobrantes
- Desarrollo embrional hasta la fase de blastocito
- Ablación de su masa celular interna (ICM)
- Cultivo de dichas células

El problema esencial de estos procesos es que producen una vida con la única finalidad de que sirva de repuesto ya que extraídas las células embrionales del caso, el daño que se le ocasiona al embrión es irreparable, a punto tal que lo lleva a una muerte irremediable.La Academia Pontificia para la Vida considera tres problemas éticos fundamentales:

(1) ¿Es moralmente lícito producir y/o utilizar embriones humanos vivientes para la preparación de células estaminales embrionales?
(2) ¿ Es moralmente lícito realizar la llamada “donación terapéutica” a través de la producción de embriones humanos y su sucesiva destrucción para la producción de células estaminales embrionales?.
(3) ¿Es moralmente lícito utilizar las células estaminales embrionales, y las células diferenciadas de ellas obtenidas, proporcionadas eventualmente por otros investigadores o disponibles en comercio?.

En los tres casos propuestos la respuesta de La Academia Pontificia para la Vida es negativa. Dada las razones confesionales y de máxima protección a la vida.

B. Células estaminales adultas

Un tipo de células adultas son capaces de producir determinados tejidos.

En este sentido pueden reprogramárseles a efectos que generen tejidos especiales a través de técnicas de clonación celular con finalidad de investigación terapéutica.

El objetivo es obtener células madre, indiferenciadas, que adecuadamente estimuladas se convertirán en tejidos (óseo, muscular, nervioso, etc.) sirviendo para el tratamiento de enfermedades muy comunes y de mayor o menor gravedad (Alzheimer, Parkinson, diabetes, e incluso cáncer) y para transplantes en general.

Se obtienen mediante los siguientes pasos:

- A una célula se le somete a un proceso de enucleación
- Se desnúclea un óvulo
- Transnucleación al óvulo del núcleo de la célula que queremos duplicar.

Es así que cuando se introduce el núcleo de una célula diferenciada de un individuo en un óvulo previamente desnucleado la célula resultante de esta verdadera clonación (paraclonación), que no es el resultado de la fecundación de un óvulo por un espermatozoide aunque es susceptible de desarrollarse a continuación como un embrión, en un momento determinado puede obtenerse de ella células madre o troncales de su núcleo interno. Esta célula resultante Marcelo Palacios la denomina nuclóvulo[1] e indica que teniéndose en cuenta el distinto origen biológico del mismo se establecen sutiles diferencias con el embrión.

Este proceso que es una clonación parcial se le conoce como paraclonación, como veremos más adelante.

La Academia Pontificia para la Vida considera a este último proceso como “el camino más razonable y humano que se ha de recorrer para un correcto y válido progreso en este campo que se abre a la investigación y a prometedoras aplicaciones terapéuticas”.

La Declaración Bioética de Gijón 2000 (Gijón, España, 24 de Junio de 2000) indica en su numeral 10 que “La utilización de células troncales con fines terapéuticos debe permitirse siempre que la obtención de esas células no implique la destrucción de embriones”.


[1] “Una revolución con múltiples posibilidades”, en: El País Digital, 17/8/2000, No.1567.