Súbete a mi moto
De rojo impecable, mi primera moto fue una Honda ST 70.
Los pasadisos de mi vieja casa celeste, de adobe y quincha --allá en el Rímac--, fueron mis pistas y sus apolillados balcones la mejor vista de tristes atardeceres. La 70 fue mi regalo más preciado. No lo sé. Ni recuerdo si fue por mi santo o por Navidad ...Creo que por el primero cuando llegó a mis manos.
Era roja. Chancha, linda y brillaba --como toda Honda--.
Su asiento se erguía para llenarla del mejor octanaje.
Tendría 10 años y la manejaba con cierta pericia.
La seguridad que me ofrecia Papá y complacencia de Mamá --dos vientos encontrados-- forjaron esa mí rebeldía por fierros y las dos ruedas.
En ese entonces (cada tarde) esperaba que Papá regresara de su trabajo.
El tenía un Volvo Amazon 122, plomo con un sonido inigualable.
(El Volvo era para él un hijo más. Luego lo heredé y años después se lo devolví).
Lo guardaba y entoldaba en una cochera --más o menos cercana-- y, para no caminar o, quizá... ¿Quien sabe? darme mi gusto de disfrutar la velocidad en mis rosadas mejillas... pasaba primero por casa para que que lo acompañe, con la 70, a dejar su bólido.
... Jr. Chiclayo, y los restos de las líneas del tranvía, eran las orillas de la Backus, con su olor a cebada.
Alameda de Los Descalzos ... con vuelta a Alameda Los Bobos para entrar a jirón Trujillo fue la ruta diaria, en las tardes, luego de la oficina.
El dejaba el carro y regresábamos a casa. Mi papá manejaba la 70 mientras que --atento, yo-- verificaba cada cosa que hacía para luego repetirla en mis rutas.
Los viernes eran ansiados.
En la tarde --con mi hermana, la Giovanna-- nos llevaban --Papá o Mamá-- a La Huerta.
Una zona residencial muy tranquila.
Ahi teníamos amigos y podíamos manejar las motos libremente.
El horario... de 6 a 7:30 de la noche.
A sus 15 años, Giovanna, recibió otra, una 70, también. Era azul. Más rápida y ligera que la mía.
No sé como así --luego-- se la permuté.
Y, así de las cosas, la Honda azul fue mía.
La pichicateé.
Cambié la aguja del carburador. Puse un piñon más chico, pistón pow roll y amortiguadores de una XL 100, regulables, que te hacían sentir el cielo en tus pies y, obviamnete, en mis posaderas en un sillón de plumas de ganso.
Para ese entonces ya nos habíamos mudado a San Borja.
Barrio tranquilo. Sin carros. Limpio y con muchos terrenos baldíos para hacer cross.
Mi nueva casa --a medio terminar-- estaba más cerca de mi Colegio, el San Agustín.
Tenía 13 años cuando llegué a San Borja
(Y ya había besado a una chica. No recuerdo su nombre, solo sé que fue en complicidad de mi hermana y sus amigas. Pero eso no, siquiera, historia).
La 70, en mi nuevo barrio, fue lo más importante.
Me permitió conocer muchos recovecos.
Nuevos lugares y un sin fin chicas... una barbaridad.
Mi primera enamorada tenía brackets, era seseosa y me llevaba de encuentro.
Duré 28 días con ella.
Pero todo terminó cuando ella me dejó ...Prefirió un amigo mío que tenía una moto más grande (una Yamaha DT 125), cuestión de preferencias fue mi primer desamor.
(Pero la vida me esperaba con la más grande sorpresa y mejor regalo).
Tiempo atrás --unos meses--Yo, había visto a otra chica.
Con un cuerpazo y con la cara de la Brooke Shields ...Era toda "ella".
... Me movió la hormonas. Fiorella. Su nombre.
Castaño, su pelo, largo de por sí ...Emblullinada. Muy a la moda, me arrebató la vida.
Yo pasaba en la 70 por su cuadra --que era la mía, también--, en Bretón (calle san borjanina).
En ese entonces, --la primera persona-- tenía en pelo largo y enrulado, muy desteñido por el mar, como buen surfer (de long board).
Ella jugaba a Siete Pecados con sus hermanos y amigos y, en tanto me acercaba, ... Raudo con la motorizada, la pelota con la que ella (o ellos) jugaba (n) se cruzó en mi camino.
Mi copiloto, Jaime (mi pata del alma, --no sé que será de él--), la pateó lejos y con maldad; como prueba fehaciente que nadie (s) debía cruzarse ante nuestro camino, ...ni siquiera "ella".
Pero la historia cambió.
Desde ese día no dejé de pensar en la chica del jean. En sus ojos, sus cejas, su pelo...
Un día llegué a soñar con sus manos, aquellas que hoy me acarician.
Y... El tiempo pasó.
La volví a ver, meses después. En época del colegio con su uniforme plomo, de colegiala en la 12 (el bus que recorría toda la Javier Prado).
Ella venía del Peruano Británco y yo que subía..
--bacán y desafiante con la chompa amarrada a la cintura y las mangas de mi casi blanca camisa remangadas para mostrar esos mis forjados biceps... con mis patas-- del San Agustín.
Creo que ella --esa primera vez que la ví fuera de su cuadra-- no me reconoció sin moto, sin mis rubilindos rulos, sin mi polo rojo ceñido y, sin ese ronco sonido de la 70.
Ella tenpia 13 y yo, 14.
La 70 fue parte de esa mi historia.
Los pasadisos de mi vieja casa celeste, de adobe y quincha --allá en el Rímac--, fueron mis pistas y sus apolillados balcones la mejor vista de tristes atardeceres. La 70 fue mi regalo más preciado. No lo sé. Ni recuerdo si fue por mi santo o por Navidad ...Creo que por el primero cuando llegó a mis manos.
Era roja. Chancha, linda y brillaba --como toda Honda--.
Su asiento se erguía para llenarla del mejor octanaje.
Tendría 10 años y la manejaba con cierta pericia.
La seguridad que me ofrecia Papá y complacencia de Mamá --dos vientos encontrados-- forjaron esa mí rebeldía por fierros y las dos ruedas.
En ese entonces (cada tarde) esperaba que Papá regresara de su trabajo.
El tenía un Volvo Amazon 122, plomo con un sonido inigualable.
(El Volvo era para él un hijo más. Luego lo heredé y años después se lo devolví).
Lo guardaba y entoldaba en una cochera --más o menos cercana-- y, para no caminar o, quizá... ¿Quien sabe? darme mi gusto de disfrutar la velocidad en mis rosadas mejillas... pasaba primero por casa para que que lo acompañe, con la 70, a dejar su bólido.
... Jr. Chiclayo, y los restos de las líneas del tranvía, eran las orillas de la Backus, con su olor a cebada.
Alameda de Los Descalzos ... con vuelta a Alameda Los Bobos para entrar a jirón Trujillo fue la ruta diaria, en las tardes, luego de la oficina.
El dejaba el carro y regresábamos a casa. Mi papá manejaba la 70 mientras que --atento, yo-- verificaba cada cosa que hacía para luego repetirla en mis rutas.
Los viernes eran ansiados.
En la tarde --con mi hermana, la Giovanna-- nos llevaban --Papá o Mamá-- a La Huerta.
Una zona residencial muy tranquila.
Ahi teníamos amigos y podíamos manejar las motos libremente.
El horario... de 6 a 7:30 de la noche.
A sus 15 años, Giovanna, recibió otra, una 70, también. Era azul. Más rápida y ligera que la mía.
No sé como así --luego-- se la permuté.
Y, así de las cosas, la Honda azul fue mía.
La pichicateé.
Cambié la aguja del carburador. Puse un piñon más chico, pistón pow roll y amortiguadores de una XL 100, regulables, que te hacían sentir el cielo en tus pies y, obviamnete, en mis posaderas en un sillón de plumas de ganso.
Para ese entonces ya nos habíamos mudado a San Borja.
Barrio tranquilo. Sin carros. Limpio y con muchos terrenos baldíos para hacer cross.
Mi nueva casa --a medio terminar-- estaba más cerca de mi Colegio, el San Agustín.
Tenía 13 años cuando llegué a San Borja
(Y ya había besado a una chica. No recuerdo su nombre, solo sé que fue en complicidad de mi hermana y sus amigas. Pero eso no, siquiera, historia).
La 70, en mi nuevo barrio, fue lo más importante.
Me permitió conocer muchos recovecos.
Nuevos lugares y un sin fin chicas... una barbaridad.
Mi primera enamorada tenía brackets, era seseosa y me llevaba de encuentro.
Duré 28 días con ella.
Pero todo terminó cuando ella me dejó ...Prefirió un amigo mío que tenía una moto más grande (una Yamaha DT 125), cuestión de preferencias fue mi primer desamor.
(Pero la vida me esperaba con la más grande sorpresa y mejor regalo).
Tiempo atrás --unos meses--Yo, había visto a otra chica.
Con un cuerpazo y con la cara de la Brooke Shields ...Era toda "ella".
... Me movió la hormonas. Fiorella. Su nombre.
Castaño, su pelo, largo de por sí ...Emblullinada. Muy a la moda, me arrebató la vida.
Yo pasaba en la 70 por su cuadra --que era la mía, también--, en Bretón (calle san borjanina).
En ese entonces, --la primera persona-- tenía en pelo largo y enrulado, muy desteñido por el mar, como buen surfer (de long board).
Ella jugaba a Siete Pecados con sus hermanos y amigos y, en tanto me acercaba, ... Raudo con la motorizada, la pelota con la que ella (o ellos) jugaba (n) se cruzó en mi camino.
Mi copiloto, Jaime (mi pata del alma, --no sé que será de él--), la pateó lejos y con maldad; como prueba fehaciente que nadie (s) debía cruzarse ante nuestro camino, ...ni siquiera "ella".
Pero la historia cambió.
Desde ese día no dejé de pensar en la chica del jean. En sus ojos, sus cejas, su pelo...
Un día llegué a soñar con sus manos, aquellas que hoy me acarician.
Y... El tiempo pasó.
La volví a ver, meses después. En época del colegio con su uniforme plomo, de colegiala en la 12 (el bus que recorría toda la Javier Prado).
Ella venía del Peruano Británco y yo que subía..
--bacán y desafiante con la chompa amarrada a la cintura y las mangas de mi casi blanca camisa remangadas para mostrar esos mis forjados biceps... con mis patas-- del San Agustín.
Creo que ella --esa primera vez que la ví fuera de su cuadra-- no me reconoció sin moto, sin mis rubilindos rulos, sin mi polo rojo ceñido y, sin ese ronco sonido de la 70.
Ella tenpia 13 y yo, 14.
La 70 fue parte de esa mi historia.


1 comentarios:
Sin duda maestro Varsi, entre ruedas y fierros, lo compuesto aquí por su pluma canta una bella historia de amor...aquella que se escribe con tinta indeleble y que los años jamás borran; al contrario, cual buen vino, día a día va madurando y cuanto más añejo, mejor.
Publicar un comentario en la entrada